LA PÁGINA EN BLANCO
- Me siento frente a la página en blanco, no veo nada. Ni quiero mirarla. Me rasco.
- De repente, aparecen palabras, imágenes, voces, recuerdos, hombres, mujeres, momentos, ideas, conceptos que intentan mezclarse, tejerse.
- Me enredo, me atranco, los hilos se confunden y se vuelven nudos.
- Como buena niña tonta, busco ayuda (a la mamá, los amigos…). Ellos me escuchan pero yo misma no me escucho ni los escucho: Soy un nudo ciego.
- Me detengo y observo los hilos, trato de identificar el inicio, nudo y desenlace de cada uno de ellos.
- Debo aceptarlo: ¡Es un Nudo!
- Entonces, imaginariamente, le sigo la pista a cada uno, me los imagino dándose vueltas y vueltas entre sí, apretándose y aflojándose, volviéndose mierda, apretándose hasta los intestinos, enredándose más la lanuda vida…
- Cojo uno, intento seguirle la huella; deja pistas, las veo, logro un truco para sacarlo, y luego… ¡ya está! sale, encrespado, doblado de los apretones, pero lo veo, frágil, de un color definido, azul y amarillo, un poco sucio pero sale a flote, el poderoso hilo.
- Observo el hilo, lo toco, lo pruebo, lo muevo, me cubro con él, lo describo: me cuenta una historia.
- Tengo cuerpo. Tengo un cuerpo.
Cuántas veces le he declarado mi amor…